viernes, 29 de febrero de 2008

Dos meses y no he muerto

Pues así con la bobada llevo ya dos meses con Linux quitándole protagonismo a Windows. Y aquí van unas pequeñas reflexiones y conclusiones.

En lo que a rendimiento se refiere he de decir que aunque a muchos les pese no he observado un desempeño mejor que el de Windows. También hay que apuntar que siempre mantengo el SO al día y limpio, instalo con cabeza y procuro no cargar mucho el sistema. Y en Linux aún no he hecho un mantenimiento real, y la ansiedad por conocer no me deja pensar dónde, cómo y qué instalo realmente. Eso sí, el hecho de no tener ningún programa antivirus por debajo escaneando constantemente todos los movimientos del equipo se nota, y mucho. Tanto en eficacia del sistema como en evitar quebraderos de cabeza inútiles.

Si hablamos de aplicaciones aquí sí que no hay parangón. Todo lo que existe en Windows lo tenemos triplicado en Linux. Desde los típicos comprensores hasta programas de dibujo vectorial. Libres, gratuitos y con el único impedimento de nuestros conocimientos. La instalación de las mismas es complicada hasta donde seamos capaz de comprender. Lo que le suelo decir a la gente es que si llevas usando Windows diez años no puedes pretender desempeñarte en Linux (o en Mac, si fuese el caso) del mismo modo y en poco tiempo. Todo requiere conocimientos, estudio y paciencia. Sin paciencia no se llega a ningún sitio. Y Linux necesita mucha.

Los programas que podemos instalar en Linux son infinitos. El otro día, cacharreando, probé una pequeña aplicación de entrenamiento de operaciones matemáticas. No, no instalé un Derive o un Matlab, sino una simple aplicación que te proponía retos de cálculo. Y eso está instalado por defecto, en el apartado de aplicaciones de Educación. ¿Alguien esperaría encontrarse con eso en Windows con tanta facilidad?.

Lo que aún no he hecho es mucho. Sigo usando Windows para ciertas cosas, como el dibujo vectorial vía Freehand; más por practicidad que otra cosa, pues lo que voy a hacer no me va a llevar nunca más de media hora, y aprender a usar un programa de este calibre ahora mismo me es insustancial y complicado.

Tampoco he usado la impresora, y eso es algo más raro. Aunque parezca extraño, en dos meses no he imprimido un triste folio. Irónicamente, la única vez que lo he hecho ha sido en Windows por ser el trabajo de Freehand :P

No he programado nada aún bajo Linux. He modificado documentos HTML y C con un editor de textos (es más, también el ensamblador de Intel), pero no me he instalado ningún IDE tipo Eclipse, por tanto en este sentido aún no he profundizado nada.

Pero sin duda el mayor cambio que puede dar una persona que pasa de un sistema a otro es el de la filosofía. Es gratificante saber que usando Linux
  1. estás contribuyendo al desarrollo tecnológico real, a la compartición de recursos y conocimientos.
  2. apoyando el soft. libre estás creando, indirectamente, conciencias de que la informática no es solo un negocio. La informática mueve mucho más en el mundo de lo que uno cree; y cortar y coartar el conocimiento que se deriva de la misma por puro capitalismo y retrogradez no deja de provocar cierto miedo.
Para hablar de software libre no es el momento, pero sin duda encontrarte con que todo lo que rodea una simple aplicación son personas que trabajan en equipo, que abren sus conocimientos a ti para que colabores como quieras y los uses como desees dice mucho del potencial que supone este mundillo. Tanto a nivel tecnológico como social.

Por ahora Linux no me ha provocado ningún quebradero de cabeza real, y no puedo sentirme más satisfecho del paso que he dado. Esperemos que siga así por mucho tiempo y pueda postear cuanto más meses de vida linuxera mejor ;)

2 comentarios:

Ender Muab'Dib dijo...

Yo también me pasé hace unos meses definitivamente a Linux sin tocar Windows, y me va bastante bien. No he tenido que recurrir a él mas que para un par de pruebas de unos programillas que no me iban bien en Wine. Como no utilizo nada de diseño ni tal no he tenido problemas.

No obstante tengo Windows virtualizado, de modo que cuando quiero ejecutar algo en él no tengo que dejar Linux. Te recomiendo que lo pruebes porque va de maravilla. Yo creí que chuparía mucha más RAM y procesador, pero para nada.

He probado con Virtualmware (paquete vmware) para el que sólo necesitarás un código que te dan gratuítamente en la web. Creo que puedes virtualizar un sistema desde cero, pero la opción más interesante consiste en virtualizar tu propia partición con Windows, de forma que todos los cambios que realices virtualizando sean persistentes si reincias y entras a la partición. A mí me funciona perfectamente.

Otra solución que no he probado pero sí un amigo, es VirtualBox, donde no necesitas la partición de Windows. Aquí asignas un espacio y te crea un disco duro virtual (como cuando montas imágenes de cds) y ahí es donde instalas Windows y desde donde te lo virtualiza.

Soluciones muy interesantes que te recomiendo tengas en cuenta si quieres dar un paso más en la separación de Windows.

¡Saludos!

Mario dijo...

Pues la verdad es que te voy a hacer caso. Algo había oído pero no se me había ocurrido ponerlo hasta ahora. Y es que Wine no me va del todo bien, vaya.

De las dos opciones que me planteas creo que en principio voy a usar el vmware, teniendo ya la partición de Windows creo que es lo más útil.

¡Gracias por los consejos!