jueves, 10 de enero de 2008

Cómo instalar aplicaciones en Ubuntu

Este asunto que no pasaría de anecdótico en Windows (si acaso explicar Agregar o Quitar Programas) aquí tiene un significado mucho más profundo. Sólo decir que en Ubuntu podemos instalar aplicaciones de más de seis maneras, más o menos.

Pero antes es preciso explicar en qué termino instala aplicaciones un sistema operativo como Linux.

En contraposición con Windows, donde un programa es un todo y se instala de una vez, en Linux las aplicaciones se instalan en base a paquetes, es decir, pequeñas partes de código ejecutable, librerías y otros archivos que enlazados forman el todo que buscamos. Es por eso que al instalar una aplicación se deben comprobar las dependencias, es decir, el resto de archivos que necesita la aplicación para funcionar, siendo las librerías de compilación los más habituales. El concepto de dependencia es muy importante, como veremos a continuación.

Empezamos las maneras de instalar con la primera, que es Synaptic, que más o menos ya está explicado. Es el gestor de paquetes integrado en Ubuntu / Gnome (Adept si usas Kubuntu). Este programa es muy sencillo, tras meterle los repositorios que queramos (ya explicado en esta entrada) solo debemos entrar desde el menú Sistema > Administración > Gestor de Paquetes Synaptic y dar a buscar un paquete o aplicación concreta y la instalará, con sus dependencias, de haberlas.

Existen unos paquetes adicionales, los llamados recomendados, que son ídem de instalar para mejor desempeño de la aplicación. Synaptic puede tomarlos como dependencias (es decir, obligados) si así se lo especificamos.

Como segunda y más sencilla opción de instalación tenemos un pequeño gestor, al que accedemos a través del menú Aplicaciones > Añadir y quitar aplicaciones, que es exactamente igual a la misma opción de Windows. Decir que este programa no admite la desinstalación de aplicaciones si hay paquetes dependientes. En ese caso nos envía a Synaptic para poder hacerlo todo de manera limpia. Al igual que en este último, podemos añadir repositorios.

La tercera y cuarta forma son las más rápidas, aunque no las más sencillas; y las más utilizadas por los usuarios avanzados y expertos: apt-get y aptitude. La primera ya la hemos explicado un poco, es el equivalente a Synaptic en la consola.

aptitude es exactamente igual con una particularidad, y es que se caracteriza por tener 'memoria'. Recuerda qué dependencias actualizó o instaló un paquete concreto y en caso de querer desinstalarlo, también desinstalará sus dependencias si estas no están siendo usadas por otros paquetes instalados posteriormente. apt-get y Synaptic no lo hacen, por tanto puede que vayamos dejando por ahí paquetes que no nos sirven de nada. La sintaxis de los dos es similar:

apt-get install / remove nombre_paquete
aptitude install / remove nombre_paquete

Decir que con cualquiera de las dos órdenes se puede actualizar todo el sistema de manera muy sencilla, simplemente tecleamos

apt-get update
aptitude update

para actualizar la lista de paquetes y

apt-get upgrade
aptitude upgrade

para instalarlos. Y nuestra distribución estará al día totalmente (a día de hoy decir que tengo 168 actualizaciones disponibles para instalar :\ ).

Sobre el tema de las actualizaciones decir que al igual que Synaptic hay un gestor gráfico, de nombre Gestor de actualizaciones y que nos avisará de cada nuevo paquete disponible, desde la bandeja de sistema. Esta interfaz la explicaré mejor cuando me decida a instalar las actualizaciones pertinentes.

Los paquetes .deb son los ejecutables de las distribuciones basadas en Debian (Ubuntu lo es) y se encargan ellos mismos de buscar sus dependencias, aunque no las instalará, hemos de hacerlo manualmente. Desde el sistema de ficheros gráfico damos doble clic y ya lo instalará, sin problemas. Vía terminal se hace con

dpkg -i nombre_paquete.deb

Para eliminar la instalación de una aplicación que hemos instalado vía .deb hacemos

dpkg -r nombre_paquete.deb

También podemos instalar gracias a los paquetes .package y los .bin, de uso muy similar, aunque distinta estructura. Los primeros son autoinstalables, haciendo doble clic tendremos el programa ya instalado. Si es la primera vez que instalamos un .package debemos darle permisos de ejecución al archivo y tras eso se instalará el autoinstalador de este tipo de archivos, para que la próxima vez que ejecutemos uno de estos paquetes no haya que cambiar permisos. Estos paquetes son los más usados para la instalación de aplicaciones independientemente de la distribución y el escritorio utilizados.

Los .bin son lo más cercano al instalador setup.exe típico de Windows. Es decir, contienen el programa completo sin más. Suelen ser usados para aplicaciones propietarias, no libres. No hay que preocuparse de nada más que de darles permisos de ejecución, nada de dependencias.

La última manera que tenemos de actualizar un poco nuestro equipo es la más arcaica y más enrevesada, aunque no por ello excesivamente difícil. Lo haremos a través de los fuentes, es decir, compilaremos los archivos y los instalaremos a mano. Ya lo habéis visto con el tema de instalar el módem usb, los famosos .tar.gz. Los archivos con esas extensiones son los comprimidos, como zip o rar. Normalmente las instrucciones de instalación vienen dadas en el mismo archivo, pero no suelen diferir mucho de ejecutar las siguientes instrucciones en este orden

./configure
make
make
install


tras haber descomprimido el paquete con el gestor gráfico o con la orden de consola

tar xvzf nombre_archivo.tar.gz

Con eso, y habiendo satisfecho las dependencias que necesite de manera manual, ya tendremos el programa instalado.

Y estas son las maneras en las que instalaremos aplicaciones en Ubuntu. Como veis la potencia que destila Linux puede verse mermada por la poca facilidad que existe para ponerlo al día. Aunque, como todo, solo necesita un poco de atención y paciencia para que se convierta en algo habitual y rutinario.

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